100 años en el tunel del tiempo: International Women´s Day

Año con año festejamos el 8 de marzo sabiendo que es una fecha especial para las mujeres: nuestro reconocimiento, reivindicación, validación. Se organizan festejos, discursos, celebraciones, eventos de toda índole para decir que las mujeres existimos, tenemos voz, simplemente hacer evidente algo que ya es: decir "Aquí estamos, valemos, opinamos, pensamos, decidimos, incidimos, valemos, votamos".
Este año, la celebración tiene una particularidad: se conmemoran los 100 años del Día Internacional de la Mujer. Pienso que nos resulta en muchas partes del mundo sencillo decir esto, pero en otras las mujeres solamente tienen derecho a existir detrás de una burka o en función del sentido que les den los hombres en sus sociedades.
Imaginaba que si tuviera una máquina del tiempo y pudiera regresar al 28 de febrero de 1909 en Estados Unidos me quedaría boquiabierta al observar el valor de las mujeres que participaron en el Partido Socialista de ese país y que se atrevieron a viajar al año siguiente a Dinamarca para hacerse escuchar. Algo inverosímil en aquellos tiempos: que las mujeres quisieran, exigieran y pudieran votar.
Quisiera saber qué pensaban y sentían, con qué retos y adversidades se encontraron las mujeres que el 8 de marzo de 1911 participaron en los mítines que tuvieron lugar en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza para exigir el derecho al voto y la no discriminación laboral. Mujeres algunas abandonadas por sus maridos ante tales atrevimientos, otras señaladas en sociedad por hacer uso de su voz cuando lo que se esperaba de ellas era el silencio. Algunas encarceladas o recluidas en hospitales psiquiátricos por hacer cosas que no debían.
Si las 140 mujeres trabajadoras que murieron el 25 de marzo en la fábrica de Nueva York hubieran sabido que sus muertes serían el ícono que marcaría la conmemoración los siguientes 100 años, no sé qué pensarían. ¿Valieron la pena esas muertes? ¿Era necesario un acontecimiento así para reconocer el derecho al sufragio, al trabajo, a la participación política, económica, social de las mujeres?
Me hubiera gustado conversar con las mujeres rusas que en 1917 se declararon en huelga porque sus hombres, dos millones, habían sido arrastrados a la guerra y habían muerto. Pedían "pan y paz". El zar abdicó y a los pocos días se les reconoció el derecho al voto. Hace mucho tiempo que las voces femeninas piden ser escuchas y tomadas en cuenta no sólo para votar, sino para construir la paz y un mundo diferente.
A través de la resolución 3010 de la Asamblea General de Naciones Unidas proclamó el año 1975, celebrado en la Ciudad de México, el Año Internacional de la Mujer. Posteriormente, en 1977 el Organismo internacional proclama el 8 de marzo Día Internacional de la Mujer. Este hecho es un reconocimiento de que la mujer es una presencia real, necesaria e indiscutible en la construcción de la paz mundial.
Era pequeña cuando estos hechos tuvieron lugar en mi país, y recuerdo los ecos lejanos de las conversaciones al respecto en mi familia. Lo viví sin vivirlo del todo, pero evidentemente, la lucha dejó una huella en mi. (Además de que, casualmente, el 8 de marzo es mi cumpleaños.)
Se han festejado en Nairobi y Pekín conferencias internacionales a favor de la mujer. Hechos de la historia reciente en la reivindicación de nuestros derechos. Hechos emblemáticos que ponen el dedo sobre una agenda que sigue en construcción y sobre la que debemos seguir trabajando, hilando, fortaleciendo porque aún existen muchos tipos de marginación en el mundo que impiden poder hablar de un mundo equitativo e igualitario.
Sigamos reconociendo el 8 de marzo, pero no dejemos que la conciencia que este día despierta se limite a una sola fecha. Hagamos de cada día un día para abrir espacios, fortalecer la equidad, buscar el equilibrio, respetar la legalidad que aboga por la igualdad de derechos. Hagamos de cada día una oportunidad para apoyar a las mujeres que, como hace 100 años, hoy en pleno siglo XXI siguen marginadas, silenciadas, ignoradas, que son invisibles y a pesar de tener un corazón, un alma y enorme potencial, no son tomadas en cuenta.
Hagamos esto como las mujeres que hace 100 años se atrevieron, lo hicieron por nosotras.
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